Cómo miramos al niño

El niño pequeño es un Ser humano en desarrollo que se organiza bajo tres aspectos: el corporal, el espiritual y el mental. A esta naturaleza del hombre le corresponden sus tres actividades: moverse, sentir y pensar.
Estos primero años estarán centrados en la constitución del cuerpo físico, crecer y desarrollarse. Las fuerzas vitales disponibles estarán centradas en esta enorme tarea “hacerse del cuerpo propio y explorar sus posibilidades naturales”.

Durante el primer año el niño emprende un camino hacia el ponerse de pie y andar. Esta es una postura interna frente al mundo, una nueva mirada.

El don que nos regala el desarrollo del movimiento es la libertad.

Todo proceso hacia la marcha es importante, hablamos de confiar y acompañar las conquistas del niño, otorgándole  autoconfianza, valorando su proceso y su ritmo propio.

Durante este tiempo el niño necesita envoltura y apego. Tiempo y cuidados. Disponibilidad interna y externa del adulto amado, los padres.

“el niño llega al mundo con una increíble voluntad de aprender
Y llegar a ser como los seres humanos que lo rodean..
Un acompañamiento amoroso y seguro serán el asiento del un sano desarrollo…”

Una vez que logra la postura erguida y puede moverse libremente comienza a desarrollarse el lenguaje, aprende a hablar desde su lengua materna. El habla surge de todo proceso de orientación en el espacio, está íntimamente ligada al movimiento. Desde muy temprano los gestos van formando parte del lenguaje y son fundamentales en la comunicación del niño con el adulto.
Con el andar las manos se liberan, ya no se usan para la locomoción. Hay fuerzan que también quedan liberadas y pasan al desarrollo del habla. El lenguaje se va adquiriendo en función del encuentro con los adultos que los rodean, por ello “…al hablar nos unimos al destino de un pueblo…”. El hablar es la herramienta que nos permite expresar nuestros sentimientos y nuestros pensamientos. La voluntad se encuentra detrás del desarrollo motor. Y la fuerza impulsora que está detrás del lenguaje es el sentir.

“Así como el Amor acompaña el desarrollo del andar,
La veracidad es la que acompaña el desarrollo del hablar”

Al aprender a hablar el niño aprende a designar el mundo externo. El habla surge del movimiento y el pensar a partir del habla.
Pensar es la función que nos permite interiorizar el mundo externo. A través de las experiencias y de las percepciones llevamos ese mundo externo a nuestro interior.
Allí vamos uniendo una experiencia con otra y de a poco vamos construyendo la conciencia de la continuidad del mundo y de nuestra propia continuidad.